Todo sube para luego caer… nuestras “vacaciones de verano” se acaban, llevándose consigo todo el calor y ternura que puedan contener. Nuestro corazón desea volver con nosotros, pero ese instinto de tranquilidad lo atrae demasiado. Al final, todo lo que queda es una simple coraza, una burda imitación de lo que somos o fuimos.
Con recuerdos en nuestras manos nos movemos por este mundo (o el de cada uno) cual títeres deshilachados, arrastrándonos hasta nuestras siguientes “vacaciones de verano”. Soñamos con atardeceres dorados llenos de migas de pan, remor incesante y dedos entrelazados, sueños que vienen y van para proporcionarnos 7 días de ficticio brillo y 358 de dura realidad.
¿Quién o qué manipula la computadora para instalar esos mundos digitales en nuestra mente, para luego quitárnoslos cual niño a punto de comerse su piruleta? ¿Qué mente tan sádica podría haber siquiera imaginado un destino tan cruel para nuestras pobres existencias?¿Por qué aguantamos el sufrimiento más castigador de todos, el de perder lo que más querías? Quizás sólo se trate de la consolación de repetir algún día, si la Diosa Fortuna está de nuestra parte…
Dos mitades, una persona y cero posibilidades de juntarlas. Una se va y la otra llega… una sufre y la otra se acomoda viendo el dolor de su presencia. Hasta en el corazón más puro podrás encontrar retazos de oscuridad, y es de sentido común que pobablemente aparezcan tarde o temprano. Lo importante no es eso. Es saber controlarlo.
Un día una estrella fugaz cayó sobre el sol…
… y mis dos mitades se confrontaron.






